Efectos psicológicos de la agresión sexual

Desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Extremadura , nos posicionamos siempre al lado de las víctimas de cualquier tipo de agresión sexual. Los profesionales de la psicología trabajamos en diferentes situaciones con víctimas de agresiones graves con el objetivo de facilitar la recuperación del daño producido y minimizar las consecuencias permanentes en su vida. A menudo se desconocen cuáles son las consecuencias psicológicas y las reacciones de una víctima de agresión sexual, y cuáles son los múltiples daños que una acción tan violenta produce en la vida de una persona. Con frecuencia se opina sobre el comportamiento de estas víctimas durante y después de la agresión, incluso se utilizan sus reacciones para clasificar el acto violento, la mayoría de las veces esa opinión está envuelta en un gran desconocimiento. Cualquier análisis del comportamiento de una víctima de agresión sexual requiere de un amplio conocimiento de los factores que condicionan el comportamiento, y de cómo reaccionamos los seres humanos cuando nos enfrentamos a situaciones en las que percibimos un riesgo extremo para nuestra supervivencia física, psicológica o social. Un delito violento es un suceso negativo vivido de forma brusca, que genera terror e indefensi ó n y pone en peligro la integridad f í sica o psicol ó gica de la persona, dejando a la v í ctima en tal situaci ó n emocional que es incapaz de afrontarla con sus recursos psicol ó gicos habituales. ATAQUE A LA SEGURIDAD DE LA VÍCTIMA La agresi ó n sexual es una forma especial de delito violento altamente estresante, que supone un ataque directo al sentimiento de seguridad de quien lo sufre. De ello deriva un impacto ps í quico, cuyas repercusiones pueden manifestarse inmediatamente o diferidas en el tiempo, y que van a depender tanto de las caracter í sticas de la agresi ó n, como de determinados condicionantes preexistentes en la v íctima. En el momento de la agresión, mientras esta se lleva a cabo, el miedo es la emoción que condicionará sin duda el comportamiento de la víctima, las posibles reacciones a esta emoción dependerán de creencias, patrones de pensamiento y de conducta y a las circunstancias de vida en ese momento, por lo que cada persona responderá de un modo diferente. Las respuestas emocionales ante situaciones de un estrés tan intenso del que resulta difícil o imposible escapar, pueden ir desde el shock y el bloqueo mental hasta la disociación, afectando tanto al nivel de consciencia, capacidad de memoria y produciendo una desconexión entre los pensamientos, las emociones y los recuerdos. Una agresión tan violenta suele generar múltiples daños a nivel psicológico, que pueden ser más o menos duraderos en función de múltiples factores. Así, en la esfera emocional, la v íctima puede t ener una sensació n de irrealidad, de que el hecho “ no puede haber ocurrido ” , a la que se asocia un miedo intenso, llanto y rabia, y en ocasiones verg ü enza y culpa que traducen un sentimiento de p é rdida de control de la situaci ó n que se intenta compensar de este modo. Por otro lado, entre los síntomas cognitivos, se encuentran confusión, desorientaci ó n y disminuci ó n de la concentraci ón. Dé ficit en el procesamiento de la informaci ó n, que incluye la referente al mismo trauma, dificultad en la toma de decisiones y percepci ó n de profunda indefensi ón. Esta sintomatolog í a puede ceder en las primeras semanas tras la agresi ó n sexual, pero la mayor parte de las v í ctimas presentan alteraciones transcurrido un año, sufriendo muchas de ellas trastornos psicopatol ó gicos. Entre los trastornos más frecuentes podemos identificar los trastornos adaptativos ansiosos o depresivos, que s uelen estar presen tes cuando la capacidad de respuesta psicol ó gica de la v íctima es insuficiente para afrontar la situación. La ansiedad y la depresión generan una compleja sintomatología caracterizada por una expectaci ó n aprensiva sobre la agresi ó n sufrida, con dificultad para controlar este estado de constante preocupaci ó n, al que se asocian fatiga, dificultades de concentraci ó n, irritabilidad y alteraciones del sueñ o , pé rdida de la autoestima, desesperanza, ausencia de expectativas de futuro, disminuci ó n de las actividades placenteras, cambios en el patr ó n de sueño y apetito, y en ocasiones ideas y riesgo de suicidio. TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO El trastorno más frecuente en víctimas de agresión sexual suele ser el Trastorno por Estr é s Postraum á tico , que aparece en tre el 50-65% de las v íctimas adultas, llegando al 90% en el caso de los niñ os. El Trastorno por Estr é s Postraum á tico se caracteriza por una reexperimentaci ó n del acontecimiento traum á tico. Pueden aparecer pensamientos, recuerdos o pesadillas centrados en el momento de extremo temor o desesperanza vividos durante la agresión. Son frecuentes los trastornos del sueño, irritabilidad, hiperalerta y dificultades de concentraci ón. Se produce un gran esfuerzo para tratar de evitar pensamientos, sentimientos o actividades que pudieran estar asociadas en tiempo o en espacio con el trauma. Estos s í ntomas, se acompa ñan con frecuencia de agresividad y rabia hacia s í mismos y hacia los dem á s, sentimientos de culpa y verg ü enza, y problemas de relaci ó n con embotamiento emocional que les incapacita para sentir cercan í a hacia otras personas. El sufrimiento de una experiencia de estr é s catastr ó fica, como es una agresi ó n sexual extremadamente violenta y prolongada, puede, además,  determinar cambios permanentes en la estructura de la personalidad, que se traducen en el desarrollo de rasgos r í gidos y desadaptativos con el consecuente deterioro en las relaciones personales y en la actividad social y laboral de la v íctima , una actitud hostil y de desconfianza hacia el mundo, retraimiento social, sentimiento de vac í o o desesperanza y sentimientos constante de amenazada. Con frecuencia se producen alteraciones relacionadas con el comportamiento sexual, con disminución del deseo y del inter é s, temor y evitaci ó n de las relaciones sexuales, y evocaciones de recuerdos de la agresi ó n durante sus relaciones normales. Pero, adem á s, la v í ctima puede sufrir nuevos daños secundarios a los sucesivos impactos que recibe tras entrar en contacto con el sistema a consecuencia de esa agresi ó n, y que se generan en la interacci ó n que debe establecer con los diferentes actores sociales, es la denominada victimización secundaria o revictimización . La necesidad por parte de jueces, fiscales y polic í as de obtener de la v í ctima una declaraci ó n, la tambi é n necesaria obtenci ó n de pruebas biol ó gicas por parte de los m é dicos forenses, los necesarios reconocimientos m é dico-ginecol ó gicos a los que debe ser sometida, incluso el cuestionamiento de su testimonio basado en la presunci ó n de inocencia del o de los agresores, conllevan nuevos impactos psicológicos. Cuando el procedimiento judicial dura varios añ os, y cuando se produce una exposición mediática, la víctima se ve sometida a reexperimentar en múltiples ocasiones el acontecimiento traum á tico , favoreciendo el agravamiento y dificultando su recuperación.