El Colegio Oficial de Psicólogos de Extremadura recuerda que la dominación y el control son las manifestaciones más comunes de violencia hacia la mujer

La dominación y el control de la pareja son dos de las manifestaciones más habituales de la violencia hacia la mujer, y la vía de inicio de maltrato psicológico y físico. También contribuyen a ello la transmisión de estereotipos donde la mujer se muestra como frágil, sumisa o dependiente y el hombre como insensible, rudo o incapaz de comprender.

Desde el Colegio Oficial de Psicólogos de Extremadura, consideramos necesario recomendar una actitud crítica ante los mensajes que continúan presentes en diversas campañas publicitarias. Aunque en ocasiones se revistan con ciertos toques de humor, continúan transmitiendo modelos de relación entre mujeres y hombres donde se normalizan comportamientos de control hacia la mujer. Los celos, las situaciones en que la mujer renuncia a sus propios derechos a cambio de recibir un regalo, como símbolo de ser aceptada por su pareja, escenas donde se muestra a la mujer como un ser frágil que necesita la protección de un hombre, o anuncios publicitarios donde se transmite una imagen del hombre como insensible e incapaz de comprender a su pareja, siguen apareciendo y con mayor frecuencia en fechas como éstas, cuando se celebra San Valentín.

Cuando las estadísticas de la violencia hacia la mujer son tan reveladoras como sucede en nuestro entorno, se hace imprescindible que el conjunto de la sociedad y sus agentes, se impliquen en luchar contra ella. Es mucho más saludable promocionar modelos de relación basados en el afecto mutuo, en el respeto, la tolerancia y la no violencia, en lugar de perpetuar estereotipos y prejuicios.

LA MEJOR HERRAMIENTA, LA PREVENCIÓN

Un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicado en 2015 ofrece cifras a todas luces inquietantes. Una tercera parte de jóvenes de entre 15 y 20 años (tanto varones como mujeres) consideraba normal ejercer un control sobre su pareja en cuanto a horarios, las relaciones con sus amistades o su familia. Un control que se extiende a temas como los estudios o el trabajo, o incluso a decirles lo que pueden o no hacer. Además, su percepción de las desigualdades entre los géneros es menor que la del resto de la población. Esto nos indica un desconocimiento y una normalización de comportamientos que no deben ser aceptados y nos conducen a un contexto en el que la violencia se justifica y se tolera.

Centrándonos en edades más tempranas, otro estudio nos arroja unos datos más preocupantes todavía: el informe Jóvenes y género. El estado de la cuestión, publicado por el Centro Reina Sofía en febrero de este año. Uno de cada tres varones de entre 12 y 24 años justifica en cierto grado las agresiones hacia la mujer como consecuencia de la provocación de la víctima, una proporción que se mantiene entre aquellos que creen que la violencia contra la mujer pertenece al ámbito familiar y no debe salir de ahí. Una cuarta parte de ellos opina que si una mujer maltratada por su pareja no corta la relación es porque no le disgusta del todo esa situación, y un 31% estima que un buen padre debe hacer saber al resto de su familia quién manda.

No debemos minimizar el trabajo en la lucha contra la violencia de género en la adolescencia, ya que entre los 18 y los 29 años es cuando la cantidad de víctimas se incrementa de forma progresiva, muy especialmente desde los 19 años. Entre los 12 y los 24 años, un 5% de las mujeres han sido agredidas si no hacía cosas que no quería, un 3% ha sido golpeada en alguna ocasión por su pareja, un 8% intimidada con frases o insultos de carácter sexual, a un 4% le han difundido fotos o mensajes por internet o por móvil sin su consentimiento, y a un 6% las han presionado para actividades sexuales que no deseaban practicar. Porcentajes nada desdeñables, a los que se unen otros como estos: a un 30% la han intentado controlar diciendo por ella hasta el más mínimo detalle, a un 25% la han intentado controlar a través del móvil, a un 23% la han insultado o ridiculizado y a un 22% han intentado aislarla de sus amistades.

A la luz de estas cifras, no podemos dejar de enfatizar el hecho de que la prevención es la mejor herramienta para poner fin a la violencia de género. Desde la Psicología, sentimos el deber de fomentar la construcción de relaciones afectuosas y saludables, que ayuden a lograr una sociedad con un mayor nivel de bienestar.